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Doctrina de la Seguridad Nacional

Elementos doctrinales.

Elementos doctrinales.

“La DSN fue un conjunto de concepciones o cuerpo de enseñanza derivado de supuestas verdades, principios, normas y valores que un Estado, a través de sus propias experiencias o las de otros Estados y de conformidad con su Constitución Política y con las realidades del país, considera que debe llevar a la práctica para garantizar el desarrollo integral del hombre y de la colectividad nacional, preservándolos de interferencias a perturbaciones sustanciales de cualquier origen.”[1] 

La Doctrina de Seguridad Nacional pretendió ser síntesis de todas las ciencias humanas, capaz de abarcar desde lo político y militar hasta lo educacional y religioso.  De esta manera, determinó los criterios fundamentales a tomar en cuenta para robustecer el combate al supuesto enemigo interno. 

Los dos pilares básicos de esta doctrina fueron la Bipolaridad y la guerra generalizada.  El primero se entendió como la separación del mundo en dos grandes bloques: el occidente cristiano y el oriente comunista.  El segundo trataba acerca del conflicto existente entre estos dos bloques.  En Latinoamérica, ante la imposibilidad de un enfrentamiento armado mundial, se dio por medio de las revoluciones sociales dentro de cada país.  Estas subversiones internas se daban en la medida en que las naciones latinoamericanas formaban parte del bloque occidental, por lo que el enemigo era inevitablemente el comunismo.  Bajo estas circunstancias, las fuerzas armadas “debieron” asumir la conducción política del Estado en defensa de los valores occidentales, para así preservar la seguridad. 

Otro aspecto clave de la DSN fue el asumir que todo individuo debía tener una postura definida, es decir, era enemigo o amigo, y que Latinoamérica estaba en guerra contra el comunismo mundial, con el fin de proteger los intereses occidentales.  Esta guerra tenía un sentido total, global e indivisible y permanente, puesto que todo estaba implicado, y los ataques podían venir tanto del exterior como del interior.  Se llegó a un punto en que todas las actividades individuales o colectivas eran actos en contra o a favor de la nación, no existían actos neutros. 

La Doctrina de Seguridad Nacional, debía apuntar hacia el progreso y desarrollo de una nación, utilizando como herramientas tanto la manipulación política y económica, como las fuerzas armadas y su violación a los derechos humanos.  Los ideólogos de esta doctrina afirmaron que los trastornos sustanciales a los cuales debía enfrentarse la DSN estaban estrechamente enlazados con los conflictos sociales, y que éstos se dividían en estructurales, personales, ideológicos y entre Estados. 

Los conflictos estructurales correspondían a las huelgas, las manifestaciones públicas y los procesos electorales en los cuales era necesario intervenir.  Los personales o de grupo ocurrían en el campo económico, entre personas o grupos de influencia compuestos por los diferentes sectores de la economía: productores, exportadores, importadores y comerciantes.  Los conflictos ideológicos eran los que resultaban por las discrepancias de ideas, doctrinas y creencias, cuando por medio de ellas se intentaba implantar normas de comportamiento ajenas a las tradiciones y costumbres de una nación, o sea, contrarias a algunos de sus más preciados intereses.  Los conflictos entre Estados eran los correspondientes a las disputas regionales por límites, por explotaciones de recursos naturales y por problemas étnicos o de comunicaciones.  Cabe destacar que la mayor parte de estos conflictos fueron impulsados por los mismos Estados Unidos para lograr una desestabilización en la región, y así vender más armas y tener excusas para ocupar territorios como también ubicar puntos clave de producción de recursos energéticos bajo el dominio de una país “amigo”.  Según la DSN hubo aspectos que incidieron en los conflictos sociales.  Estos tuvieron que ver con las diferencias marcadas en las distintas clases sociales, el marginalismo social, económico y regional, las existencia de espacios no habitados en los territorios nacionales, los desequilibrios entre áreas urbanas y rurales, la carencia de infraestructura adecuada, la escasa e irracional explotación de los recursos naturales y la intolerancia política y religiosa.  Para que la Doctrina de Seguridad Nacional fuera operativa y eficaz debía ser verdaderamente nacional, y no ser una mera copia o adaptación inadecuada  de doctrinas extranjeras.  En lo político debía responder a las necesidades y aspiraciones de la nación; en su organización, a las exigencias en los problemas de seguridad; en lo técnico, responder al nivel de desarrollo, y en lo moral a una causa justa. 

En cuanto a la religión, la DSN también tenía algo que decir.  Esta doctrina apoyaba la religión en cuanto instrumento en contra del comunismo y el ateísmo.  Ofreció favores y privilegios a instituciones eclesiásticas.  Sin embargo, el cristianismo que promovió la DSN, fue uno centrado en los mitos, costumbres, ritos y gestos de la ortodoxia judeocristiana, es decir, un cristianismo sin compromiso popular.  No concibió una iglesia preocupada de los grandes problemas estructurales y coyunturales del pueblo latinoamericano, sino con los principios protectores del orden, la autoridad, la defensa de la propiedad privada y en general, con los postulados del tradicionalismo.La DSN promovió la llegada de otras corrientes religiosas a América Latina desde los años 60, las cuales se convirtieron en importante base social de la derecha, con el propósito exclusivo de penetrar en aquellos sectores sociales más vulnerables económicamente y políticamente moldeables y reventarles su capacidad de lucha y organización por unas mejores condiciones de vida. 

Caracterizada la DSN, puesta en el contexto nacional y hecha suya por las fuerzas armadas latinoamericanas, ha desembocado en el militarismo.  Hablamos de militarismo desde el momento mismo en que la institución militar, al servicio de las clases dominantes, asume una ideología específica y se proyecta como un superpoder instaurado en el Estado burgués, alzándose como factor decisivo de la política del régimen con el propósito de controlar, mediante una metodología de guerra, toda la vida nacional.  Surge en el marco de un régimen que responde a los estrechos intereses de la cúspide oligárquica que en el proceso de su regresión institucional y política ha venido otorgando cada vez mayores beneficios a su “brazo armado” y acentuando, en todos los planos, la opresión sobre el pueblo en general, sin renunciar a su apariencia “democrática”. A la vez, por estar el militarismo sujeto a la política del neoliberalismo, coloca en esa misma condición subordinada a su aparato represivo militar. 

Este militarismo ha implicado un gran desprecio por las instituciones democráticas, las cuales han sido objeto de diversas olas golpistas para suplantarlas, o en su defecto, buscar la ubicación de generales, civiles militaristas o de derecha en puestos estratégicos de la administración nacional para aparentar una naturaleza democrática de los gobiernos civiles; pero lo que subyace es una vigilancia por parte de las fuerzas militares hacia los actos de gobierno de los civiles. Además, el militarismo, para reducir todos los actos de la vida social al lenguaje y a los mecanismos castrenses, se alza como un ente intocable que absorbe los recursos económicos de la hacienda pública sin ninguna retribución a las arcas del Estado.  

Ahora bien, el militarismo no es sólo de los militares, el militarismo incumbe también a los civiles quienes piensan que las soluciones a los problemas, y en general toda la vida social, se debe regir por la disciplina castrense. Estos civiles constituyen la expresión política del militarismo armado y son su punta de lanza en las diversas corporaciones públicas y privadas. Un caso patético se evidencia en los Ministerios de Defensa de los países latinoamericanos donde en los últimos años, desde la década de los ochenta hacia acá, han actuado como Ministros de Defensa, civiles, por supuesto de absoluta confianza tanto de las clases dominantes como de las mismas instituciones militares, de los grupos económicos hegemónicos y de Estados Unidos. Vale la pena destacar que la llegada de civiles como Ministros de Defensa en absoluto ha implicado el desarme de la DSN, por el contrario, se han incrementado propuestas para fortalecer organizaciones armadas asistidas por el propio Estado para que cumplan funciones que éste es incapaz de garantizar por las vías legales.  

[1] “Historia de la Doctrina de la Seguridad Nacional” Edgar de Jesús Velásquez Rivera, en Revista Convergencia, num. 27, enero-abril de 2002, pp. 11-39

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